Una de las normas básicas de la inversión es la de mantener una diversificación adecuada. Por adecuada se debe entender aquella que es consistente con nuestro propósito de proteger nuestro patrimonio y obtener una rentabilidad a largo plazo que, como mínimo, supere la inflación.

La diversificación debe entenderse de una manera global, considerando tanto nuestras inversiones como nuestras fuentes de ingresos.

Si en anteriores artículos explicábamos porqué los inversores en Banco Popular habían cometido graves errores en la valoración de dicha empresa como para considerarla una buena selección donde rentabilizar los ahorros, un gran número de ellos cometieron dos equivocaciones mucho mayores, que es el de tener todo su patrimonio en acciones de un solo activo y el de invertir en la misma empresa de la que depende su sustento. Solemos invertir en aquello que nos resulta conocido, ya que nos confiere una falsa sensación de control, que si además está reforzado porque personas de nuestro entorno actúan del mismo modo nos hará pensar, sin basarnos en ningún criterio lógico, que estamos haciendo algo correcto o seguro. Si invertimos en la empresa de cual percibimos el salario, y la empresa se encuentra con dificultades, en primer lugar bajará al menos temporalmente el precio de sus acciones, y si dichas dificultades se vuelven persistentes nuestro puesto de trabajo estará en riesgo y podríamos acabar perdiendo el trabajo y los ahorros, situación en la cual desafortunadamente se encuentran muchos ex participes de la entidad. Peor suerte todavía corrieron aquellos   que además pidieron un crédito para financiar su inversión, antítesis de la prudencia.

Situación contraria viven los inversores aconsejados desde entidades bancarias habitualmente a una sobre diversificación en semejante cantidad de activos que es imposible que obtengan una rentabilidad superior al crecimiento general de la economía mundial, que es a largo de aproximadamente un 2-3%. El reparto de nuestro patrimonio entre 10-20 fondos diferentes algunos de los cuales poseen participaciones de cientos de activos es la estrategia seguida por aquellos que no entienden bien el valor de nada, que sin duda es segura pero que es imposible que obtenga unos rendimientos notorios.

Se puede considerar que una empresa estable, establecida en el mercado, con un tamaño relevante y con un bajo endeudamiento puede tener una probabilidad de quiebra de entre un 3 y un 5%. Aun así, tras la quiebra muchas empresas suelen recuperar parte de su valor, por lo que la probabilidad de pérdida total es menor aún de los valores indicados. Si consideramos una cartera de 20 valores escogidos con los mismos criterios, la probabilidad de que las 20 empresas entren en suspensión de pagos y tengamos una pérdida total de nuestro patrimonio es 10 cuatrillones de veces mayor que la probabilidad de morir en un accidente de aviación, el medio de transporte más seguro del mundo.  20 empresas es la diversificación mínima exigida por ley en España en cualquier institución de inversión regulada por la CNMV, pero al mismo tiempo es una cantidad de activos que pueden conocerse adecuadamente y tomar decisiones que permitan obtener una rentabilidad relevante.

Debemos por tanto canalizar nuestro ahorro en instrumentos regulados que protejan nuestro patrimonio y que intrínsecamente supongan una diversificación adecuada, que sigan una estrategia consistente, con la tranquilidad de saber que de nuestras inversiones gozan de una seguridad y protección razonable.

 

Guillermo González

Consejero delegado de Arwen Capital

 

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